El Jardín Acuático del Risco Bello

El Jardín Acuático del Risco Bello

El Puerto de la Cruz se caracteriza, entre otras muchas cosas, por cuidar y promover los espacios verdes dentro de la ciudad. Históricamente se ha integrado la vegetación en el entorno urbano; promoviendo a la flora autóctona y protegiendo a las múltiples variedades exóticas que han llegado a la ciudad.

No sólo encontramos bellezas naturales en el Jardín de Aclimatación; también son muchos los jardines privados que han alcanzado tanta importancia que sus dueños los han abierto al público. Precisamente, hoy os queremos hablar de uno muy especial: El Jardín Acuático del Risco Bello, el cual esconde hasta una historia de amor.

René de Radiguès y su esposa Ana María llegaron al Puerto de la Cruz en 1969. Desde Bélgica llegaron a las islas afortunadas en busca del buen clima que las caracteriza. Pero no era una cuestión de ocio, sino de salud. Ana María padecía una enfermedad que se agravaba con el frío de su ciudad natal.

Fue entonces; cuando su marido René buscó un lugar donde su mujer no sólo se sintiera bien, sino que además fuera feliz. En 1969 compró una finca y en 1974 otra colindante, cerca al Hotel Taoro. Desde el primer momento, René diseñó un gran jardín como acto de amor hacia su mujer; no sólo con plantas de la propia isla, también con plantas exóticas traída de otros confines de la Tierra.

Por suerte, Ana María se recuperó de sus afecciones, y el jardín cobró tanta belleza, que el matrimonio decidió compartirlo con el resto. Después de 18 años en el Puerto de la Cruz, en agradecimiento a todo lo que la ciudad y la isla les había brindado, abrieron el jardín al público, en 1988.

Dentro del Jardín Acuático Risco Bello encontramos una colección de quinientas plantas exóticas. Lo recorremos junto a la compañía de patos, cisnes y ocas que aportan aún más belleza al lugar. Este pequeño rincón del paraíso fue alabado hasta por César Manrique; amigo de la familia, quién lo describió como “sinfonía en verde”.

Sin duda, este es un ejemplo de cómo una ciudad se forma y se mantiene gracias a la cooperación de todos sus vecinos y los turistas que la visitan. Poner amor y empeño en los espacios que componen nuestra ciudad es fundamental para mantener el patrimonio

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